Etapas

El escultismo acompaña a cada niño y a cada joven según su edad. Por eso el camino se divide en tres etapas, cada una con su propio ambiente y sus propias actividades, y con unidades de chicos y de chicas.

EtapaCurso escolarChicosChicas
ManadaDe 3.º a 6.º de PrimariaManada masculinaManada femenina
AdolescenciaDe 1.º de ESO hasta 4.º de ESO o 1.º de BachilleratoTropaCompañía
Equipo pilotoDos cursos, desde 1.º o 2.º de BachilleratoClan pilotoFuego piloto

Manada: de 8 a 11 años

Para los lobatos y las lobatas, el juego es lo más serio de la vida, y la manada lo aprovecha. Su marco es El libro de la selva, de Rudyard Kipling, que Baden-Powell escogió para esta etapa: la historia de Mowgli, el cachorro humano que aprende a vivir entre los habitantes de la selva, está llena de lecciones que hablan a la imaginación de los niños. Hasta los jefes llevan nombres del libro: Akela, Baloo, Bagheera.

La manada se organiza en seisenas, equipos de seis con un seisenero al frente, y quiere ser una «familia feliz» donde cada niño se siente querido y aprende a hacer las cosas bien, a compartir y a ayudar. Al hacer su Promesa, el lobato se compromete a hacer «lo mejor», y va avanzando en su progresión con la primera y la segunda estrella.

Sus actividades son el cubil de los sábados por la mañana, las salidas de día completo, dos o tres acampadas de fin de semana y, como gran momento del año, el campamento de verano.

Lema: «Haremos lo mejor».

Tropa y Compañía: de 12 a 16-17 años

Es la etapa central del escultismo, y su corazón es la patrulla: un equipo de entre cinco y ocho chicos, en la tropa, o chicas, en la compañía, de distintas edades. Cada uno asume un cargo según su edad y sus aptitudes, y en el consejo de patrulla da cuenta de cómo lo cumple. Al frente, uno de ellos como jefe de patrulla, responsable de sus compañeros. Así, como quería Baden-Powell, los jóvenes toman en sus manos su propia formación y los mayores ayudan a los pequeños.

Es la etapa de la aventura, de las técnicas de campo y del juego, siempre con la Ley scout como regla. Hay algunas reuniones los sábados por la mañana (pocas), muchas salidas (sábado entero) y entre cuatro y seis acampadas de fin de semana, y el campamento de verano, la actividad más importante del año, en la que la vida de patrulla se vive en plenitud: cada patrulla monta su rincón, cocina y levanta sus construcciones con madera y cuerda.

Lema: «Siempre preparados».

Clan piloto y Fuego piloto: de 16-17 a 18-19 años

Al salir de la tropa o la compañía empieza la etapa piloto: normalmente dos cursos de paso hacia la vida adulta, en un clan (chicos) o en un fuego (chicas). La patrulla deja paso al equipo piloto, de cuatro a seis jóvenes, que reparte su tiempo entre la formación, la aventura y el servicio.

La actividad por excelencia es la ruta: rutas cortas de un día, rutas largas de fin de semana y la ruta de verano, que ocupa el lugar del campamento. La ruta enseña a caminar, a decidir el rumbo, a desprenderse de lo que sobra y a encontrar a Dios en la naturaleza. El primer año, cada equipo elige un servicio para realizar juntos; el segundo, cada joven empieza a plantearse con su jefe su servicio personal, que para muchos será el de asistente o jefe en alguna unidad. Desde esta etapa pueden participar en los campamentos escuela de formación de jefes.

El paso de la tropa o la compañía al equipo piloto se decide con cada joven al empezar 1.º o 2.º de Bachillerato.

Lo que comparten todas las etapas

En las tres etapas, las actividades ayudan a cada uno a crecer en los cinco ámbitos que el escultismo llama tradicionalmente sus «cinco fines»:

  • Sentido de Dios: la relación con Dios, que se cultiva con la oración, en grupo y personal, y con los sacramentos.
  • Formación del carácter: esfuerzo, voluntad y responsabilidad, también la de rendir cuentas de lo que a cada uno se le confía.
  • Salud: el cuidado del propio cuerpo, la actividad física, la higiene, la seguridad y los primeros auxilios.
  • Sentido de lo concreto: saber hacer con las propias manos y transformar lo que ofrece la naturaleza sin destruirla.
  • Servicio a los demás: dar de forma gratuita algo de uno mismo y de su tiempo, empezando por la buena acción de cada día.

Y en todas, el mismo modo de educar. Primero, a través de la acción: se aprende haciendo, en plena naturaleza, jugando y viviendo en grupo. Segundo, el joven educa al joven: cada uno asume misiones concretas dentro de su equipo, con la Ley y la Promesa scout como compromiso común, y los más experimentados ayudan y enseñan a los más jóvenes. Chicos y chicas tienen sus propias unidades, acompañadas por jefes y jefas voluntarios: nadie cobra por su servicio.