Bitácora de campamento – Capítulos 11 y 12: Aprendiendo a jugar limpio

Ustedes me sabrán perdonar. Ayer fue un día muy intenso y con varias tareas imprevistas desde por la mañana temprano y no pude dar noticias del campamento. Ya lo hemos dicho muchas veces: No news, good news.

Estos dos últimos días nos hemos dedicado fundamentalmente ¡a jugar! Vayas donde vayas por el campamento te encuentras lobatas, lobatos, guías o scouts jugando y desarrollando destrezas.

Las guías y los scouts, en días diferentes han salido del campamento para lo que llamamos «Gran Juego». No nos complicamos mucho para elegir el nombre… es un juego «a lo grande», que dura un día y pico, y se extiende por un terreno más allá del propio campamento. Han dormido en «vivacs» (refugios improvisados con lonas y cuerda) tras la prueba final del juego al anochecer. ¿Quién habrá ganado?

Atardecer en la zona de «las escuelas», donde terminaba el gran juego de la compañía

Los chicos de la tropa tuvieron antes de ayer un gran juego similar. Aunque hubo algunos problemas con el cumplimiento de las normas que había fijado Pablo con los jefes de patrulla. No voy a entrar en detalles, porque en el fondo son lo de menos y debe ser cada uno quien decida lo que cuenta o no de las situaciones vividas. Pero sí me quiero centrar en lo magnífico del método scout, como herramienta pedagógica, en estos casos: Educamos en las buenas y en las malas. El grado de conocimiento y confianza que tienen los jefes con vuestros hijos les permite en buena medida convertir el error en oportunidad para educar y crecer como personas. Tuve la oportunidad y el privilegio de estar presente en el momento en el que Pablo con los tres jefes de patrulla abordaron la situación, y me emocioné al comprobar cómo fueron capaces de reconocer sin excusas sus errores, valorar el daño o perjuicio que sus decisiones habían podido causar a sus compañeros, asumir su responsabilidad, dar la cara y pedir disculpas cada uno a su patrulla, buscar juntos soluciones y, lo más importante, definir consecuencias. Esa tarde, queridos padres de scouts, vuestros hijos han vivido y aprendido una lección de vida.

Equipo de jefes de la tropa (y jefe de campamento)

Los lobatos y lobatas han tenido la oportunidad de ir a visitar el monasterio de Samos. Han hecho una excursión (estamos a menos de 2 km) y han podido descubrir un poco sobre la vida de los monjes y la larga historia del edificio que los alberga. ¿Sabéis cuántos monjes viven en la actualidad en el monasterio?, ¿cuánto tiempo se tardó en construir la iglesia?, ¿cuál es la norma de vida de los monjes benedictinos?… Pues se lo podéis preguntar a vuestros hijos cuando vuelvan del campamento (a ver si se acuerdan… que con la de cosas que vivimos cada día, a veces, no nos acordamos de todo).

Sigue habiendo un buen clima, tanto en lo meteorológico como en el ambiente entre los jefes (fundamental para dar lo mejor de cada uno a vuestros hijos). No ha llegado a llover ningún día, aunque de vez en cuando hay alguna nube. No hace demasiado frío por la noche ni demasiado calor por el día. Nos hemos integrado en la naturaleza… en algunos casos es al revés: la naturaleza se ha integrado en algunos de nosotros:

La naturaleza se integra en algunos scouts…

Tenemos algún scout y guía pachuchillos, pero sin mayor gravedad (un poco de fiebre por aquí, un intestino algo suelto por allá…). Y algún lobato y lobata que os hecha mucho de menos y a veces se ponen tristes preocupados por si estáis bien. Con mucho cariño e intentando compensar vuestra ausencia con nuestra mejor actitud les atendemos y ayudamos también a hacer de la adversidad una oportunidad para crecer y madurar.

Entramos ya en la recta final del campamento con alegría y muchas ganas de seguir disfrutando.

Representación de la patrulla Zorro en una de las veladas del campamento
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